Mi testimonio acerca de Jesús

He escuchado acerca de Jesús desde mi infancia porque mis padres son cristianos antes de yo nacer. Os voy a contar porque soy cristiano y mi relación personal con Dios. No os voy a hablar de una religión sino lo que Él ha hecho en mí
© Propiedad de la página en Facebook, Heraldos del Evangelio. 
No soy cristiano porque mis padres lo sean, tampoco porque me llevarán a la Iglesia todos los domingos ni me leyeran la Biblia cada noche antes de irme a dormir. Lo soy porque mi vida es Cristo, hablo con él todos los días, porque es mi mejor amigo, y nunca me falla
Jamás olvidaré lo que un día hizo por mi, dar su vida para salvar la mía. Te diré como lo hizo. A medida que he ido conociendo más a Dios por medio del testimonio de Jesucristo, en Su Palabra, la Biblia, me he dado cuenta que no solo me ama a mí sino a la santidad y me manda que sea santo como Él. Cuando leí los 10 mandamientos, me estampe con la moral perfecta e inalcanzable de Dios. Tuve que reconocerlo, había incumplido cada uno de sus mandamientos y ante sus ojos era culpable y merecía ser castigado. 
Lo peor que había podido hacer, era despreciar el regalo de vida eterna que Dios me estaba ofreciendo en Cristo Jesús. Pero él cambió mi corazón. Sufrió cada burla, cada golpe, cada azote y murió de la forma más dolorosa y cruel por mis delitos y pecados. Yo era quien merecía todo ese castigo, pero él se ofreció voluntariamente, en obediencia a Su Padre, tomando mi lugar. 
Me libró de ser condenado y de la esclavitud al pecado. Me perdonó porque me he arrepentido de todo el mal que contra Dios he hecho y he confiado solamente en Jesús como mi único y suficiente Salvador. Ahora vivo seguro y con esperanza, porque no quedó clavado en esa horrenda cruz, resucitó al tercer día. 
Yo soy testigo de que está vivo porque él vive en mí. Hoy no te invito a pertenecer a una religión, denominación o Iglesia, sino que conozcas a Jesucristo, el camino, la verdad y la vida y nadie puede conocer a Dios sino es a través suyo. No hay otro nombre en quien puedas ser salvo.

Una lección de compasión

Parábola del “buen” samaritano

Pero cierto samaritano, que iba de viaje, llegó cerca de él; y al verle, fue movido a misericordia. (Lucas 10:33 RVA)


El título no-inspirado de esta parábola nos lleva a desenfocarnos del verdadero autor de ella. «Fue movido a misericordia» hace que nos preguntemos, ¿Quién movió al Samaritano a compadecerse de ese pobre hombre? Fue Dios quien lo hizo y el autor de esta parábola. Si amamos al prójimo es porque Él derrama de su amor en nosotros. Entonces, ¿Por qué no cambiamos El título «El buen samaritano» por

`El buen Dios que mueve al samaritano a amar y tener compasión?

He escuchado a cristianos decir: “Para amar a mi prójimo, primero tengo que amarme a mí mismo”. Esto es mentira, porque el hombre ya se ama así mismo, incluso, hay un problema y es que se ama demasiado. ¿Qué sentido tendrían entonces las palabras de Jesús cuando dijo que el que quisiera seguirle tendría que negarse así mismo, tomando su cruz? El verdadero significado es este: “Ama a tu padre, amigo, vecino… igual que tú te amas a ti” Leer Mateo 22.35-40. Así estarás haciendo con los demás, lo mismo que quisieras que hicieran contigo.

Retiro Semana Santa 2014. Jóvenes Odres Nuevos.



Llegamos a ‘El Paraíso’ el pasado 17 de Abril. Y no, no me estoy poniendo espiritual. Es así como se llamaba el lugar donde pasamos unos 4 días inolvidables. Aunque era un sitio muy bonito y tranquilo, con piscina, barbacoa y un amplio césped donde tomar el sol, no fueron esas las razones por las que disfrutamos de un tiempo que quedará en nuestra memoria. Y os explicaré porque.

Nada más llegar soltamos nuestras cargas, el equipaje. Organizamos donde dormiríamos cada uno, despejamos de las habitaciones todas aquellas cosas que Dani Domínguez pudiera romper y se pusieron los horarios por todos los rincones de la casa. En el césped, nos reunimos en círculo para degustar los bocadillos que llevamos para el almuerzo. Dimos gracias por ellos y por el resto del día y nos lo comimos alegres. Lolo, que no llevaba, al final tuvo que dejar comida… porque Dios provee mucho más abundantemente de lo que pedimos o pensamos.

 Después de disfrutar de un tiempo en la piscina, tomando el sol y jugando al futbol (pues fue el primer y mejor día para hacerlo) tuvimos la presentación del retiro  donde pudimos alabar a Jesús junto a Loyda, Jeremias y Dani.

 Ezequiel nos hizo reflexionar al preguntarnos cuál era el propósito por el que habíamos ido. Todos llegamos a la conclusión de que no era para hacer ninguna de las cosas que habíamos estado haciendo anteriormente, sino para escuchar la voz de Dios y ser cambiados por él, de modo que cuando todo terminará y volviéramos a casa, no fuéramos los mismos, y puedo estar seguro que así fue. Después, llegó la parte más divertida de la presentación y era informar de las normas, lo divertido que fue desobedecerlas, ¿verdad? (No, nos comportamos todos muy bien)

Eunice fue la encargada de los juegos. Jesús enseñó que debíamos hacernos como niños y no había mejor forma que esa. Los 3 primeros eliminados del juego de la silla fueron los capitanes formarían los equipos (Villa-Alta, GAP, Guapos, atractivos, potentes y Ra-Ra Nicolas). Debíamos resolver crucigramas bíblicos y puzles que formaban los miembros de cada equipo, atravesando diversas y difíciles pruebas. Al final, Eunice nos dio la enseñanza final, y es que Jesús pagó las consecuencias del perdedor, que en ese caso fue la persona inocente del equipo derrotado, con una corona en su cabeza y un cartel arriba donde se mostraba el mensaje: Jesús rey de los judíos, en los diferentes idiomas. Como todos éramos competitivos y algo violentos hubo algún que otro altercado, pero nada que no se pudiera solucionar con oración pidiéndole al Señor que nos diera paz, amor y paciencia. En la parcela de al lado, había unos caballos hambrientos, esperando a que Kelly, amante de estos, les diera de comer.

Luego a la tarde, hubo el tiempo de los talleres. Abigail impartió su taller “Acéptate tal y como Dios te ha hecho” Nuestra personalidad y físico son un regalo de Dios, así que debemos tratar nuestros complejos diarios con la ayuda de la Palabra, y no solo con los que nos perjudican a nosotros sino los que hacen sentir mal a los demás, como los complejos de superioridad y autosuficiencia.

Yo dí un taller sobre las redes sociales y como darles un buen uso para compartir el mensaje del Evangelio.  Internet y las redes sociales, como Twitter o Facebook tienen una fuerte influencia en los jóvenes y es un medio muy bueno para alcanzar a muchísimas personas a un solo clic del ratón.
El viernes por la noche tuvimos una vigilia, donde pudimos orar los unos por los otros y donde la unción del Señor se derramo sobre nosotros. 
Lolo nos compartió acerca de Efesios 5, la necesidad de nacer de nuevo para poder imitar a Dios, como hijos suyos que somos, si no lo hacíamos, simplemente no lo éramos. No debemos imitar sólo lo exterior del Evangelio como la vestimenta, llevar una biblia bajo el brazo o alzar nuestras manos en la congregación… sino el corazón de Dios, comportándonos como Jesús, de ahí la importancia y la necesidad de experimentar el nuevo nacimiento. Jesús es la imagen del Dios invisible y es a él a quien debemos mirar para imitar al Padre. Nos compartió la frase del gran teólogo San Agustín referente al tema de andar en amor: “Ama y haz lo que quieras”. Porque las cosas hechas con amor, serán siempre buenas, y el llamado del predicador de los predicadores, Spurgeon que dijo: “Hacedlo todo con amor y obediencia, ya que la obediencia sin amor es desobediencia”. También debíamos andar como hijos de luz, para hacer una diferencia entre “ellos” y “nosotros” de modo que pusiéramos en evidencia las tinieblas. Aunque fue un mensaje confrontador, fue necesario y damos gracias a Dios por Lolo porque fue una útil herramienta en las manos de Dios. El fuego que había en él, nos contagió a todos.
El sábado tuvimos el placer de tener a Charo, Esther, su amiga Susana, Tatiana y el pequeño Rafael con nosotros. Tuvo la palabra, nuestra hermana Tatiana, que nos compartió acerca de los últimos momentos con sus discípulos en el huerto de Getsemaní, y la importancia de las palabras de Jesús al Padre («No se haga lo que yo quiero, sino lo que tú») Debíamos buscar y pedir que su voluntad fuera hecha en nuestras vidas, ya que lo que Dios quiere para nosotros es mucho mejor que lo que nosotros queremos para nosotros mismos. Su voluntad es agradable y perfecta, pudimos experimentarlo en esos días. Por la tarde, después de comer unos ricos macarrones, tuvimos los talleres de Lidia y Ezequiel.

Lidia habló a las chicas sobre la figura de Abigail, una mujer a la que Dios dio sabiduría, que luego vieron reflejada en la historia, haciendo de mediadora. Aprendieron aspectos como: de qué manera podemos bendecir una vida con buenas palabras, en que ocasiones es mejor dejar que las cosas se enfríen antes de discutirlas, y la manera en que debemos hablar y referirnos, por ejemplo, a una circunstancia delicada, como la que Abigail tuvo que enfrentar con David y Nabal.

Ezequiel ofreció a los chicos, un taller sobre las relaciones sexuales, un tema tabú entre los cristianos, pero que con la confianza de que estábamos en familia, pudimos sincerarnos y llegar a una misma opinión, que todos soportamos las mismas tentaciones, pero que Dios tiene un llamado para nuestras vidas y es este: ¡Consérvate puro! Fue el lema del taller. Conseguir esto por nosotros mismos es imposible, pero con la ayuda y la gracia de Dios es posible. Terminamos con un tiempo de oración impresionante donde disfrutamos de la presencia de Dios de una manera que hacía tiempo no habíamos vivido. Estoy seguro que no fueron emociones ni sentimientos solamente, sino fe y arrepentimiento genuino. 

Por la noche, continuó la fiesta con Dios, la noche de disfraces. Donde todos retrocedimos a los 70, disfrazándonos de hippies. El baile y las risas no faltaron.

Al día siguiente terminamos, alabando a Dios por habernos hablado y hecho disfrutar de su presencia en compañía, por hacernos conscientes de la familia en la que Él nos ha introducido y que no tenemos por qué enfrentar nuestras luchas contra el pecado solos, porque no lo estamos. Dios cumplió su propósito con el retiro de jóvenes. No fue una salida más ni unos días de entretenimiento, solamente, sino un tiempo donde fuimos cambiados por Él y no volvimos a ser los mismos.

Ezequiel despidió este tiempo, con la primera palabra que habló a su vida tan claramente, hace ya algunos años atrás. Los momentos en los que Jesús predicó desde la barca a la multitud en la orilla, y el encuentro con Pedro y la pesca milagrosa. Nos hizo preguntarnos quienes éramos y quienes queríamos ser, si uno de entre la multitud que se encontraba en la orilla, o que pasaba por allí, o de los que estaban en la barca con Jesús, junto a él. Debíamos confiar, que por su palabra, nuestra situación en ese momento cambiaría y que por encima de las bendiciones que Dios nos da en Cristo, debíamos desearlo a él sobre todas las cosas. Es a Cristo, quien tú y yo necesitamos cada día, un encuentro con el Cristo resucitado que renueva y transforma nuestras vidas. ¿Quieres tú también tenerlo? ¡Aleluya! 


Discípulos desde la distancia

Mientras subía Jesús a la barca, el que había estado endemoniado le rogaba que le permitiera acompañarlo. Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: —Vete a tu casa, a los de tu familia, y diles todo lo que el Señor ha hecho por ti y cómo te ha tenido compasión. (Marcos 5:18-19, NVI)

  • ¿Te has preguntado por qué Jesús no deja al hombre que había estado endemoniado, seguir a aquel que le había liberado de ese tormento? 
  • ¿Por qué a unos los llama a seguirlo y a otros no? 
  • ¿Por qué al incrédulo Pedro lo invita a montar con él en la barca y bogar mar adentro, cuando este pensaba que nada extraordinario sucedería, mientras que el afortunado, antes atormentado, ahora lleno de fe y fervor por seguir a Jesús, le fue negado el hacerlo? 
  • ¿Puede ser que lo que el Señor deseaba era que la casa de esa persona fuera, al igual que él, sana de todas sus dolencias y salva de las consecuencias del pecado?, 
  • ¿Y que si por el testimonio de fe de alguien que había sido transformado por el encuentro con el Cristo, el hijo de Dios, lo adoraran por sus misericordias y bondades? 
  • ¿Cómo pudo Jesús de Natharet rechazar a cualquiera que quisiera estar junto a él? 
  • ¿No fueron estás palabras pronunciadas por él mismo «El que a mi viene, yo no le echo fuera»? 
  • Quizá, ¿no estaría, el endemoniado que ya no lo era, poco preparado para seguir al Maestro, sin conocer las difíciles implicaciones y posibles consecuencias que hubiera conllevado el haber sido aceptada su petición? 

Muchos interrogantes, pero todas estas suposiciones me llevan a pensar en que muchas veces no pensamos en lo que implica ser discípulos. Sino lo sabes, sólo tienes que recordar el destino que tuvieron los discípulos y apóstoles de Jesucristo. Él si lo sabe, que no estamos preparados aún para eso, y prefiere nuestro bien al enviarnos de vuelta a casa, para que allí seamos luz y sal, y los hermosos pies que anuncian la paz, las buenas noticias de salvación en Cristo Jesús.

Es muy curioso, porque al fin y al cabo ese hombre no estaría en la barca junto a Jesús pero si estaría cumpliendo con la gran comisión, convirtiéndolo en discípulo. Puede que sea hora de, ya no entrar en la barca, sino salir de ella, caminar sobre las aguas y en fe, ser discípulo de Jesús desde la distancia, sabiendo que él volverá muy pronto para estar con nosotros.

Palabras difíciles de pronunciar


Las palabras de Jesús en su oración al Padre son difíciles de pronunciar. De hecho, si reflexionemos en cada una de ellas, caeremos en la cuenta de las profundas implicaciones, que al declararlas y hacer que se cumplan, conllevan. 

Jesús, orando en el Getsemani, antes de ser arrestado
«No se haga lo que yo quiero, sino lo que tú» ¡Que contraria es al hombre natural! A este le resulta fácil decir: “Hago lo que quiero y nadie me dice lo que tengo que hacer”. Niega someterse a una autoridad y quiere ser él quien decida su propio destino.

De la misma manera, les sucede a los discípulos de Jesús. Es lo que le ocurrió a Pedro, Juan y Jacobo. Cuando tenían que orar y estar vigilantes, estaban haciendo lo que querían, dormir. 

Dios desea y nos manda a orar, pero nosotros dormimos, en muchas ocasiones ¿Cuánto tiempo dedicamos a la oración y comunión con el Señor al día? ¿Ni siquiera una hora? ¿Cómo pensamos entonces obtener la victoria contra las tentaciones? 

¡Más el Salvador tiene compasión de nuestras vidas! Por eso, nos ha dado Su espíritu para vencer al mal y vivir según Su voluntad, ¿difícil? ¡Si! Y aun así es agradable y perfecta. Porque lo que él quiere para ti, es muchísimo mejor que lo que cada uno podamos querer para nosotros. 

Agustín de Hipona, el mayor teólogo que haya existido, según dicen algunos, dijo una vez una petición muy similar a la de Jesús: «Señor, pídeme lo que quieras, y concédeme hacer lo que pides». Esto me enseña que debo ser humilde para clamar: “Apiádate de mí, que soy un hombre pecador y sin ti, nada puedo hacer” Necesito tu favor, que aumentes mi fe, me concedas lágrimas de arrepentimiento y el reconocer sólo una cosa, que “Tú, Jesús, pagaste en la cruz por mis pecados, moriste por amor a mí, para salvarme de la muerte, que trajo como consecuencia el pecado, para después resucitar y vencer no solo a la muerte sino al pecado y al maligno.” 


Él fue entregado en manos de pecadores, es decir, tú y yo. Sin embargo, hay una diferencia, los hijos de Dios reciben a Cristo como el regalo de vida eterna y crucifican sus pecados en la cruz, mientras que los que no lo son, quieren crucificar una y otra vez al autor de la vida.