Pelagianismo en tu cristianismo

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Leyendo a R.C. Sproul en su escrito titulado ‘La cautividad pelagiana de la Iglesia‘ y analizando, a la vez, los últimos mensajes que he oído predicar desde el púlpito, he confirmado cuanta razón tiene este hermano al afirmar que muy poco tiene que ver la doctrina evangélica de hoy con la de la reforma protestante en los tiempos de Martín Lutero.

Declaraciones tales como: ‘Dios ofrece la posibilidad de redención al hombre’, ‘este es libre para decidir escoger a Dios si lo desea, dejando las tinieblas y acercándose a la luz.’, hacen que me pregunte: ‘¿No es Jesús quien nos eligió a nosotros?’ (Juan 15: 16, 19) ‘¿No se hizo el hombre esclavo del pecado, una vez pecó, así como enseña Jesús?’ (8:34) ‘¿Cómo puede Dios, entonces, estar ofreciendo sólo una posibilidad de salvación al pecador?’ ‘Acaso, ¿no están los deseos del hombre totalmente en contra de la voluntad de Dios, amando más las tinieblas que la luz?’ (3:19; Efesios 2:1-3) Es lógico que digas: ‘¡Qué de contradicciones!’, ¿no?.  Pues claro, es lo mismo que me he dicho yo.

Estos años atrás se ha estado celebrando el día de la reforma, y los protestantes hemos asistido orgullosos para conmemorar la labor que hicieron nuestros hermanos reformadores, entre ellos Lutero y Calvino, y sin embargo, hoy la inmensa mayoría del protestantismo ha olvidado dos de los cinco principios fundamentales del movimiento reformado: ‘solo gracia’ y ‘solo fe’, de manera que nuestra salvación es por la gracia de Dios a través de la fe, y esta no procede de nosotros, sino que es un don de Dios. (2:8). Puedes escuchar más sobre esto en los mensajes que he compartido a través de Soundcloud, aquí.

La realidad es que nuestro cristianismo evangélico-protestante se ha distanciado mucho de estos principios reformados para zambullirse en el pelagianismo, nombre que se la ha dado a la doctrina de Pelagio, contemporáneo de San Agustín, que básicamente y de manera resumida enseña que el hombre, responsable moralmente ante Dios, tiene la capacidad moral de responder a lo que Él ordena, y no sólo eso, sino que no hay tal cosa como pecado original y que cada ser humano nace sin pecado, así como Adán y Eva fueron creados en el principio. Y aún hay más, el hombre, al no nacer en pecado, puede vivir en estado de perfección y justicia sin la gracia de Dios ni la ayuda de Jesús y que esta sólo puede en algunos casos, hacer más fácil el asunto.

Pregunto, ¿no es esto anti-cristiano? ¿No es igualmente anti-bíblico decir que tenemos que echarle una manita a Dios para ser salvos? Si creemos esto, ¿sobre qué base respondemos a que yo sea salvo y mi vecino no lo sea? Porque, ¿yo tomé la decisión correcta? No veo entonces diferencia alguna entre la salvación por obras del catolicismo romano y la salvación decisionista de los evangélicos.

Para leer más sobre esto, recomiendo la publicación que cité al comienzo de esta entrada, ya que considero de suma importancia este tema. No está en juego la reputación de ningún teólogo ni sistema de pensamiento, sino la Gloria de Dios y la belleza del evangelio de Cristo.

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3 comentarios en “Pelagianismo en tu cristianismo

  1. Desde luego que, como bien dices, Sergio, lo que se predica hoy en día, dista bastante de lo que se desprendió de la Refirma. No obstante, tampoco es que Lutero o Calviño, hicieran “Diana” en todos sus postulados…
    Hablas de la incapacidad del hombre para la salvación y, dices bien.
    No obstante, una vez que, el ser humano, reconoce su incapacidad, sí da “pasos concretos” en dicha dirección.
    Aún más, para reconocer, ha de tener “buen corazón” (véase la parábola del sembrador en la versión de Lucas), lo cual estaría en contradicción con la idea y pasajes que afirman que “el corazón del hombre es engañoso”.
    Una vez, crees (relacionado con la justicia), eres impelido a bautizarte en agua como reflejo de dicha justificación (relacionado con la salvación). Y eso exige “dar un paso”, actuar.
    La obra del Hijo abre la puerta pero, yo debí dar el paso para cruzarla…

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    • El estado de Lázaro en la tumba es una buena ilustración de nuestro estado antes de recibir la vida de Dios, muertos en delitos y pecados. Aún si un muerto pudiera reconocer su necesidad de ser resucitado, lo cual es absurdo, no le serviría de nada porque seguiría sin poder dar un paso fuera de la tumba, aún si la piedra fuera removida.

      Así como un muerto no puede resucitarse así mismo, el pecador caído no puede salvarse por sí mismo a menos que Dios, que es rico en misericordia, le de vida y lo resucite. La salvación es del Señor, de principio a fin.

      Ahora, cuando hemos recibido un corazón y espíritu nuevo, entonces es que tenemos la determinación de seguir a Cristo y negarnos a nosotros mismos cada día.

      Dios te bendiga José Manuel.

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