El conocimiento del Dios santo

El Conocimiento del Dios santo: Con guía de estudioEl Conocimiento del Dios santo: Con guía de estudio por J.I. Packer
Mi valoración: 5 de 5 estrellas

Ahora entiendo porque el conocimiento del Dios santo es considerado un clásico. No podría ser de otra manera.

Packer expone de forma magistral las razones del porque debemos conocer a Dios, sus atributos y los beneficios de ser hijos suyos, convirtiendo esta obra en un verdadero tesoro doctrinal.

Cuando exaltamos un atributo de Dios más que otro, algo a lo que somos muy dados, distorsionamos su imagen. Esto no es lo que ocurre con el autor que se ha esforzado en conocerle y habla de su gracia y su justicia y su amor y su ira de forma que podamos llegar a comprender con más fidelidad el carácter de nuestro Creador.

Me ha sorprendido positivamente la habilidad del escritor para explicar tan fielmente el mensaje del evangelio y la trinidad en Dios, y una visión más clara de las doctrinas preciosas que emanan de la obra de Cristo en el Calvario, tales como la propiciación y la adopción.

Puede que en algún momento haya podido mal interpretar enseñanzas que el autor explica y haya notado ciertas contradicciones, pero nada que no se pueda aclarar con un escrutinio personal a la intención de Packer y a la fuente original de revelación, las Sagradas Escrituras.

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Lo que viene a continuación son algunos de los principios que he podido sacar del libro.

Lo que significa conocer a Dios y como saber que se le conoce.

Conocer a Dios no significa saber acerca de Él, sino buscarle en oración, confiar en su soberanía, determinar obedecerlo y alegrarse en Él, olvidando los problemas temporales.

Es la paz en medio de la tormenta, la cual viene por una búsqueda sincera del Salvador, la evidencia de que se conoce a Dios realmente.

El recibir la sabiduría de Dios viene precedida por una necesaria aceptación y reverencia a su palabra. Esta no conlleva un conocimiento completo de todo, sino la actuación basada en la fe y la fidelidad, en toda circunstancia.

El cristiano es aquel que cree y obedece la Palabra de Dios, porque es la verdad y confía en que él ordena todo, causándole gozo y paz al descansar en sus promesas y obedecer su ley.

Los atributos de Dios

El conocimiento bien interpretado de que Dios es amor es como el cielo en la tierra. Es obra del Espíritu Santo impartirlo y hacer de este, la experiencia de todo cristiano. El amor de Dios procura su santidad, por lo que todo acontecimiento está enfocado en ese propósito. Este no sólo es inmerecido sino contrario a lo que realmente se merece. Dios lo ama porque quiere amarlo,  y no hay nada en el objeto de su amor que lo impulsara a hacerlo. Voluntariamente, ha ligado su felicidad a la suya.

Los impedimentos, que incluso los hombres de iglesia tienen, para entender y experimentar la gracia son la consideración de sí mismos como buenas personas, la tolerancia a sus pecados, restándoles importancia,  el rechazo a la idea del ser juzgados,  y su erróneo pensamiento de que pueden acercarse a Dios a su manera, llevándolo a él a una obligación de bendecirlos.

Aún así, Dios los ama libremente a pesar de que no atesoran ningún mérito, sólo razones para recibir su severidad. El saber que la fe justifica al creyente y lo hace perseverar es un regalo de Dios y constituye razón suficiente para vivir agradecido y en obediencia.

Como el Creador, tiene tanto el derecho de entregar a sus criaturas una ley que cumplir, como de asegurarse de dar retribución por la manera que tratan dicha ley. Él es un juez que no tolera ni un ápice el mal y se encargara de hacer justicia. La idea del juicio final no tiene el propósito de atemorizar sino de recordar que Su voluntad buena y perfecta se cumplirá, incluyendo la justa retribución a los que obstinadamente lo rechazaron como Salvador.

Hay que señalar la sorprendente omisión acerca de la ira de Dios en la predicación del evangelio hoy, cuando tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento hay más referencias a este atributo que las que hay para el amor. Dios sólo se enoja cuando corresponde enojarse y la indignación que muestra es justa. Es más, el evangelio no tendría sentido con dicha omisión. La doctrina bíblica de la propiciación sitúa la cruz de Cristo entre los pecadores y la ira de Dios, y como el propósito es conocerle, se debe tener muy presente su perfecta indignación por el pecado y que tanto su bondad como su severidad van de la mano.

Él es celoso, lo que quiere decir que se ha comprometido en asegurar la relación con sus hijos, la cual tiene en gran estima. Por lo que se debe responder con el mismo anhelo.

Viviendo los beneficios del evangelio como hijos de Dios

La esencia del evangelio se encuentra en la doctrina de la propiciación. Jesús desvía la ira del Padre de los creyentes hacía él mismo, siendo del Padre, el plan de reconciliación. La paz que el cristiano disfruta proviene de la propiciación, el perdón y la aceptación que lo integra en la familia de Dios. Es un cambio en la relación con él. La obra de Cristo es la medida de la grandeza de su amor y ante esto, sólo queda glorificar al Padre por las abundantes riquezas de Su gracia.

El reconocimiento y trato diario con Dios como Padre es la señal inequívoca de que se es hijo de Dios y esa identidad es el secreto de la vida cristiana.

Como Padre, él guía a sus hijos bajo el ministerio del Espíritu Santo y los límites de la palabra inspirada. De modo que incluso las frustraciones y dificultades son una señal para hacer un alto en el camino, reflexionar, pedir consejo y comprender que estas son parte de la vida que es guiada por él. El hijo de Dios no debe centrarse en su propia seguridad sino en la gloria del Padre, ya que, por su bondad, no permitirá  que se arruine y puede confiar en que los brazos eternos lo sostendrán para llegar al destino sano y salvo.

El evangelio no es ni un camino de rosas ni un lecho de dolor y tristeza. El cristiano es aquel que, por el poder del Espíritu, puede vencer los pecados y las circunstancias adversas que antes lo derrotaban. Dios usa las pruebas para mostrarle su debilidad y su necesidad de aferrarse a él. Por ello, las adversidades son muestras de su gracia para asegurar que siempre se va a depender de él.

El discipulado del cristiano es la vida confiada en la suficiencia de Dios de asegurar todas las cosas que este necesita, que por su incredulidad no vive en dicha certidumbre. El conocimiento más alto que puede tenerse de Dios implica vivir en la confianza de que nada le faltará al que cree, y nada lo llenará más que Dios mismo.

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