La felicidad de Dios, ¿condicionada por la nuestra?

Leyendo la obra de J.I. Packer, ‘El conocimiento del Dios santo‘, me sorprendió leer lo siguiente:

El amor de Dios hacia los pecadores conlleva el que él se identifique con el bienestar de ellos. En toda expresión de amor está involucrada esta clase de identificación: es, más aun, la prueba de si el amor es genuino o no. Si un padre sigue alegre y despreocupado mientras su hija se está metiendo en líos, o si un esposo permanece impasible cuando su mujer está angustiada, nos preguntamos en el acto cuánto amor puede haber en su relación, porque sabemos que los que realmente aman solo están contentos cuando aquellos a quienes aman están de verdad contentos también. Así es con Dios en su amor para con el hombre.

En capítulos anteriores hemos demostrado que el fin último de Dios en todas las cosas es su propia gloria: que él sea manifestado, conocido, admirado, adorado. Esta afirmación es verdad, pero es incompleta. Tiene que ser equilibrada por el reconocimiento de que, al centrar su amor en los hombres, Dios ha ligado voluntariamente su propia felicidad definitiva con la de ellos. No es por nada que la Biblia habla de forma habitual de Dios como el amante Padre y Esposo de su pueblo. Se deduce de la misma naturaleza de estas relaciones que la felicidad de Dios no será completa hasta que todos sus amados estén definitivamente libre de problemas y peligros:

Hasta que toda la iglesia redimida de Dios
sea salva para no pecar

Dios era feliz sin el hombre antes de que el hombre fuese creado; y hubiera seguido siendo feliz si se hubiese limitado simplemente a destruir al hombre después que pecó; pero, tal como están las cosas, ha derramado su amor hacia los pecadores particulares, y esto significa que, por su propia y libre elección, ya no ha de conocer la felicidad perfecta y permanente mientras no haya llevado al cielo a cada uno de ellos. En efecto, Dios ha resuelto que en adelante, y para toda la eternidad, su felicidad estará condicionada a la nuestra.

Así Dios salva, no solo para su gloria, sino también para su felicidad. Esto sirve en buena medida para explicar por qué es que hay gozo (el gozo de Dios mismo) en la presencia de los ángeles cuando un pecador se arrepiente (Lucas 15:10), y por qué habrá «gran alegría» cuando Dios nos presente sin culpa en el día final en su propia presencia sacrosanta (Judas 24). Este pensamiento sobrepasa el entendimiento y casi agota la fe, pero no cabe duda de que, según la Escritura, tal es el amor de Dios. ¹

Me gustaría conocer la opinión de los lectores, ¿están de acuerdo con el autor?


¹ El conocimiento del Dios santo, J.I. Packer, páginas 162-163. Editorial Vida, 2006.

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Un comentario en “La felicidad de Dios, ¿condicionada por la nuestra?

  1. Esta clarísimo, nuestro padre, en la condición actual del hombre, no podrá ser feliz. Pero hay la esperanza de la redención y eso restituirá la felicidad completa en Dios PADRE y en nosotros y para siempre..

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