La Cruz del Rey: hacia una mejor comprensión del evangelio de Jesús

La cruz del Rey es una reflexión devocional alrededor del hecho más trascendental de la historia de la humanidad: la vida, muerte y resurrección de Jesús. A través del testimonio del evangelista Marcos, sus enseñanzas encarnadas en su propia vida dan sentido a las nuestras de una manera extraordinaria, su gobierno como Rey supremo y su propósito al morir en la cruz. La cruz del Rey es el testimonio personal de un encuentro genuino con Dios en la persona de Jesús.

Tim Keller toma prestado de C.S. Lewis el término ‘danza’ para describir la doctrina de la trinidad  y hacernos ver los profundos y transformadores beneficios de entender que Dios ha existido eternamente en tres personas, en perfecta comunión y por ello, está infinitamente feliz, lo que lo lleva a crearnos para participar de una relación de infinito amor y gloria, y a redimir esa relación cuando la destruimos.

El autor describe con una sorprendente habilidad las diferencias claramente contrarias entre el evangelio y la religión, señalando al egocentrismo humano como la raíz del problema. De modo que esa relación que fue desecha por nuestra acción, es restaurada, no por lo que nosotros podamos hacer, sino por lo que Jesús ha hecho.

“Todas las religiones siguen la misma lógica: actúo, si obedezco, seré aceptado. El evangelio es todo lo contrario: soy aceptado totalmente en Jesucristo y por lo tanto, obedezco.”

De manera que podemos descansar en su amor y perdón, ya que Él vive la vida que deberíamos haber vivido y muere la muerte que tendríamos que haber enfrentado, librándonos del constante cansancio de la auto justificación para vivir una vida de obediencia y servicio, a Dios y a los demás, por amor.

Así mismo, también podemos enfrentarnos a cualquier circunstancia en esta vida ya que Él calmó la única tormenta que podría hundirnos, la justicia eterna, siendo tanto el dador como el objeto de la fe que nos salva.

Podemos aprender de Su paciencia, la cual lo llevó a soportar las situaciones más difíciles para finalmente recibir la mayor recompensa. La gracia de Dios actúa a su tiempo, y no al nuestro, de maneras mucho más favorables de la que esperábamos.

Él llevó y nos limpió de nuestros pecados para acabar con el sufrimiento que constituía estar separados de Dios. La correcta comprensión del evangelio nos lleva a pedir al Señor, no lo que merecemos por nuestra bondad, sino lo que no merecemos por su bondad.

“El evangelio dice que eres mucho peor de lo que pensabas, pero al mismo tiempo, eres más amado y aceptado de lo que nunca llegaste a imaginar.”

Keller señala que tanto el complejo de superioridad que no te deja ver tu incapacidad, como el complejo de inferioridad que te engaña con el pensamiento de que eres tan malo que no puedes recibir el amor de Dios, son ambas barreras para recibir a Jesús como el Salvador.

Él nos ama con el amor incondicional que verdaderamente necesitamos y el que no podíamos dar, sin antes recibirlo de Él, para liberarnos del temor a la muerte y de nuestra autodeterminación.

Él es quien nos lleva a Dios, cuando hemos reconocido nuestra propia incapacidad, y nos lleva vivir la experiencia de desearle a él sobre todas las cosas, lo que recibe el nombre de ‘adoración’. Así que no es la perfección la que nos lleva a Dios, sino el reconocer nuestras propias limitaciones y nuestra necesidad de arrepentimiento.

Es muy interesante la forma en la que Timothy Keller describe la idolatría como todas aquellas cosas que consideramos ‘salvadores’, como pueden ser las riquezas, en las que basamos nuestra identidad, creyendo que nos satisfarán para siempre, cuando es sólo Dios quien lo hace.

“Los cristianos son personas que saben su cristianismo es imposible, que es un milagro, que no tiene nada que ver con los méritos personales.”

El legalismo y la moralidad son otros impedimentos para vivir el cristianismo con un mejor entendimiento del sacrificio de Jesús en la cruz y así poder vencer todas aquellas cosas que antes nos dominaban.

La humildad y el servicio a los demás, por la gratitud y el deseo de agradar a Dios, son los frutos del conocimiento del amor de Jesús, al ocupar nuestro lugar en la cruz.

“Todo amor real, que transforma vidas, es un sacrificio sustitutorio muy costoso.”

El hermano Keller apunta a la cena del Señor como un recordatorio de que para participar de los beneficios del evangelio, antes debimos ser invitados por Jesús a tener una relación personal con él, junto a una nueva familia.

Jesús enfrenta algo mucho más terrible que el tormento y la muerte física, soporta la ira de Dios por nuestra maldad, obedeciendo por amor a Dios y por amor a nosotros, sufriendo el total abandono del Padre con quien había gozado del amor perfecto por toda la eternidad, para que nosotros no pasemos por tal abandono jamás.

“En la cruz, Jesús recibió lo que nosotros merecíamos para que podamos recibir lo que Él merece.”

Entender lo que Jesús ha hecho por nosotros, que lo que nos hace justos son sus méritos y no los nuestros, nos libera por completo de la esclavitud del poder, el dinero y el estatus. Nos saca de la profunda oscuridad en la que nos encontrábamos, podemos escapar del juicio hacía la presencia gloriosa de Dios por la eternidad.

“Jesucristo no sólo murió la muerte que debíamos haber experimentado nosotros. También vivió la vida que deberíamos vivir, en perfecta obediencia, en nuestro lugar”.

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