Experimentando la suficiencia de Cristo

Jesús + nada = todo

Una cosa es saber, otra experimentar

Este pasado fin de semana, aprovechando que estaba libre en el trabajo, pude pasarlo en Córdoba en compañía de buenos amigos y hermanos en la fe. Las últimas dos veces que he podido hacer este viaje, el Señor ha tratado conmigo de una forma muy especial.

¿Has experimentado momentos en los que Dios tiene una gracia especial contigo y hace que estés más sensible a su voz, hablándote de una forma muy clara y concreta? Si es así, entonces entenderás a lo que me refiero, y quería compartiros mi experiencia al respecto.

En mi anterior visita, pude experimentar la libertad que viene de un mejor entendimiento de la gracia de Dios. Había oído hablar muchas veces de ella, pero es muy diferente cuando la saboreas. Recuerdo las palabras del salmista:

“Gustad, y ved que es bueno Jehová; 
Dichoso el hombre que confía en él.

Salmos 34:8

¿Puedes notar la diferencia de afirmar que Dios es bueno a gustar su bondad? Hay momentos en los que el Señor, por su misericordia, te hace experimentar su gracia, momentos en los que quedas asombrado de Su gloria y sólo puedes quedarte en quietud y adoración y son esos momentos los que te preparan para sobrellevar los desiertos que suelen venir después.  El Señor es bueno y lleno de gracia todo el tiempo, lo experimentemos más o menos e independientemente de nuestras circunstancias.

En esta última visita pude experimentar acerca de la suficiencia de Cristo. No se cuantas veces habrás podido decir lo mismo que dijo Pablo a los colosenses:

y vosotros estáis completos en él (Cristo) …

Colosenses 2:10

He tenido estas palabras en mi mente, y me las he repetido muchas veces, pero este fin de semana he podido entender, de una manera más profunda, lo que significan realmente, y he comenzado a experimentar la suficiencia de Cristo en mi vida, de ahí a que decidiera titular esta entrada de esa manera.

Pude disfrutar mucho del tiempo compartido con Moisés Peinado, pastor de la Iglesia Bautista de Palma del Río, e Israel Sanz, pastor de la Iglesia Bautista de Córdoba. Es un verdadero regalo de Dios poder contar con la amistad de ambos, recibir su consejería, y ser parte de una misma familia en Cristo. Abro aquí un paréntesis importante, aprovechando para recomendar sus predicaciones, que son grabadas y compartidas en los sitios web, donde puedes acceder siguiendo los enlaces anteriores.

¿Qué puedo decir del tiempo con ellos? Tiempos en los que disfrutar de la comida, reír, pero también de reflexionar alrededor de la persona más importante de nuestras vidas, nuestro Señor y Salvador Jesucristo. En nuestras charlas, pude recibir sus consejos, y tengo que decir que no los puede haber mejores. A través de los cuales, pude hacer un mejor análisis en mi interior, acerca de mis motivaciones, deseos, pensamientos y temores.

Lo deseo, pero no lo necesito

Hay deseos en nuestro corazón, que son completamente legítimos, es decir, no hay nada malo en desearlos. Por ejemplo, una carrera profesional exitosa, un buen noviazgo o matrimonio. Iría algo mal en nosotros, si no las deseáramos. El problema está cuando llegamos a desearlas demasiado, hasta el punto que pasan de ser deseos a necesidades. De modo que cuando empezamos a temer perderlas o no alcanzarlas, es un claro indicativo de que se convirtieron en salvadores para nosotros, sobre los que hemos basado nuestra felicidad, nuestra seguridad, nuestra identidad. La Biblia lo resume con la palabra idolatría. Todo aquello que usurpa el lugar que sólo a Dios le pertenece, el único que te puede ofrecer todo aquello que deseas profundamente y, que desgraciadamente, buscas en cualquier otra cosa que no sea Él.

Ha sido revelador y liberador para mí, al identificarlo como la causa principal de las últimas crisis de ansiedad y depresión que he atravesado en mi vida. ¿Por qué llegué a pensar, en ciertos momentos, que Dios se había olvidado de mí o que la vida no tenía mucho sentido? Hoy puedo responderlo con total seguridad, porque estaba basando mi identidad alrededor de cosas que no eran Dios, y porque estaba ensimismado conmigo mismo. Así de simple, aunque estuviera tan escondido, que había sido difícil de descubrir. Y aunque reconozco que es una lucha constante a la que en muchas ocasiones tendré que hacer frente, ya no daré golpes al aire sino sabré atacar a la raíz del problema, al engaño de cambiar la ecuación de que Jesús más algo es igual a todo, por la que ha sido y será siempre la correcta: Jesús más nada es igual a todo.

Si quieres saber más de lo que digo, te recomiendo mucho escuchar los dos talleres que compartió Israel en el Retiro Anual que hacen las Iglesias Bautistas de Córdoba. Los recibí personalmente durante nuestro tiempo juntos y fue de mucha bendición. También pude escuchar del mensaje del domingo, que compartió Moisés a su congregación, la importancia del contentamiento, de no depender de nada excepto del gozo del Señor, que es la fortaleza del cristiano.

Basa tu identidad en Cristo

Durante mucho tiempo, he sido inconsciente de las terribles consecuencias de desobedecer el primer y gran mandamiento, con que el Señor Jesús resumió toda la ley:

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.

Mateo 22:37

El motivo por el que escribo esto es para compartir de lo que he llegado a ser muy consciente. Basar mi felicidad en cualquier otra cosa (sexo, noviazgo, estudios, trabajo, etc.) que no sea nuestro Creador es un suicidio, es vivir en muerte y esclavitud, experimentar una constante insatisfacción y frustración, al ser conscientes de que a pesar de conseguir aquellas cosas, las que pensabas que te iban a salvar, finalmente lo único que han hecho es decepcionarte y dejarte en una mayor necesidad.

Finalmente, me gustaría compartir una canción con la que volví a casa y que trata sobre el centro del Universo, sobre quien debe girar toda nuestra vida y por quien debemos vivir, Cristo, mi único y suficiente Salvador, mi todo, ¡a él sea la gloria!

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